martes, 11 de mayo de 2010

Día 7

Ayer la vi...y Sonrió... Al final del día le pedí que habláramos para arreglar asuntos varios de logística; y en medio de la conversación esbozó una sonrisa ( con el cual supe que me iba a pedir la cobija azul) y fue la primera sonrisa que recibí luego de más de una semana. Estaba más tranquila, con mucha apertura y con la idea firme de hacer su proceso sola, lo cual felicité por que ambos lo necesitamos; entonces me fui para la casa con mucho entusiasmo...y efectivamente al final de la conversación me dijo que necesitaba la cobija azul; anoche esa cobija por un momento sintió que era una mujer, me entrelacé con ella, sus tejidos se entregaron a mi como la marea lo hace con la luna, Como la hebra se entrega al ojo de la aguja...fue una conversación revitalizadora; ella en medio de su vestido azul hizo que el tsunami se convirtiera en un chorro de luz, de esperanza, comprendí su lugar y lo que separados vamos a crecer...Por eso traigo este verso de Machado:

Anoche soñé que oía a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía, y yo gritaba: ¡Despierta!

Y ahora los sueños:

El hada más hermosa ha sonreído al ver la lumbre de una estrella pálida, que en hilo suave, blanco y silencioso se enrosca al huso de su rubia hermana.
Y vuelve a sonreír porque en su rueca el hilo de los campos se enmaraña. Tras la tenue cortina de la alcoba está el jardín envuelto en luz dorada.
La cuna, casi en sombra. El niño duerme. Dos hadas laboriosas lo acompañan, hilando de los sueños los sutiles copos en ruecas de marfil y plata.

Y a continuación Machado nos brinda una parábola que quiero sea entendida como el sueño del amor , que ha llegado a mí y solo estará ausente por un tiempo prudente y como la rima se hizo a mi pueden percibir de ella el aroma de alelí:

Era un niño que soñaba un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño y el caballito no vio.
Con un caballito blanco el niño volvió a soñar; y por la crin lo cogía... ¡Ahora no te escaparás! Apenas lo hubo cogido, el niño se despertó. Tenía el puño cerrado. ¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio pensando que no es verdad un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar. Pero el niño se hizo mozo y el mozo tuvo un amor, y a su amada le decía: ¿Tú eres de verdad o no? Cuando el mozo se hizo viejo pensaba: Todo es soñar, el caballito soñado y el caballo de verdad. Y cuando vino la muerte, el viejo a su corazón preguntaba: ¿Tú eres sueño? ¡Quién sabe si despertó!

Pues mi amada es de verdad por que de no ser así mi dolor no fuera tan fuerte.

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